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El Síndrome
de Alienación Parental, llamado así por el Dr. Richard Gardner, es una respuesta de contexto
familiar típica al divorcio, en la cual el niño resulta alienado respecto
de uno de sus progenitores, y acosado con la denigración exagerada y/o
injustificada del otro progenitor. En los casos más severos, la
relación antaño cariñosa del niño con el progenitor objeto resulta
destruida. El testimonio acerca del Síndrome de alienación
parental (PAS) en los procedimientos legales ha levantado un intenso
debate. Este artículo en dos partes persigue arrojar alguna luz sobre
el debate por medio de la revisión del trabajo de Gardner, así como de
otras personas, acerca del PAS, integrando el concepto de PAS con la
investigación realizada sobre divorcios altamente conflictivos y con otra
literatura relacionada. El material está organizado bajo
encabezamientos temáticos tales como "padres que inducen la
alienación", "el niño en el PAS", "El padre objeto de
la alienación", "abogados y PAS" y "evaluación e
intervención". La segunda parte comienza con el niño en el PAS.
Se presentarán en ambas partes testimonios de PAS, desde casos moderados
hasta agudos, algunos de los cuales ilustran las consecuencias para los
niños y las familias cuando el sistema se manipula con éxito por parte del
progenitor alienador, así como algunas difíciles pero efectivas
intervenciones que han sido realizadas por la autora, por su esposo el Dr.
Randy Rand y por otros colegas.
El Dr. Richard
Gardner fue un experto psiquiatra infantil y forense, que realizaba
peritajes para la justicia cuando en 1985 formuló el concepto de Síndrome
de Alienación Parental (PAS) en un artículo titulado "Tendencias
Recientes en el Divorcio y la Litigación por la Custodia" (1).
Su trabajo con niños y familias durante los años setenta le indujo a
escribir libros como "El libro del Divorcio para Chicos y
Chicas". "El libro del Divorcio para los Padres" y
"Psicoterapia con los Hijos del Divorcio". El conocía por
experiencia que la norma para los hijos del divorcio era continuar
queriendo mucho a ambos padres, a pesar del divorcio y del paso de los años,
un hallazgo corroborado por uno de los primeros estudios a gran escala
sobre el divorcio (2). Con estos antecedentes, Gardner comenzó a
preocuparse a principios de los ochenta sobre el creciente número de hijos
del divorcio que estaba examinando, quienes, especialmente en el curso de
las evaluaciones para la custodia, se embarcaban en la denigración de uno
de sus progenitores, hasta el punto de expresar, en ocasiones, odio hacia
el padre al que una vez amaron. Él utilizó el término Síndrome de
Alienación Parental para hacer referencia a los síntomas del niño , a raíz
del divorcio, consistentes en la denigración y el rechazo de un padre antes
amado.
El enfoque de
Gardner sobre el PAS como perturbación propia de los hijos de un divorcio
es único, aunque desde la mitad de los años ochenta en adelante ha habido
una proliferación de literatura profesional sobre las tendencias
perturbadoras en las disputas del divorcio/custodia, incluyendo las falsas
acusaciones de abuso para influir en la resolución sobre dichos
divorcio/custodia. Al menos tres nuevos síndromes asociados al
divorcio fueron identificados con posterioridad. En 1986, dos
psicólogos en Michigan aún desconocedores del trabajo de Gardner,
publicaron el primero de varios documentos sobre el síndrome SAID, el
acrónimo que Blush y Ross emplearon para "Acusaciones de abusos sexuales
en el divorcio" (3). Basándose en sus experiencias de peritaje para los
tribunales de familia, y en las experiencias clínicas de sus colegas, estos
autores delinearon tipologías para el padre que acusaba en falso, el niño
involucrado y el padre acusado. Dos de los síndromes del divorcio
nombrados en la literatura tienen su enfoque esencial en la rabia y la
patología del padre alienador o acusador en falso. Jacobs, en Nueva Your, y
Wallerstein en California, publicaron informes sobre casos de lo que
llamaron el Síndrome Medea (4, 5). Jacobs discutió el grabajo de
Gardner sobre el PAS en su estudio de 1988 sobre una madre con el síndrome
Medea, como también hizo Turkat cuando describió el Síndrome de la Madre
Maliciosa Asociado al Divorcio en 1994 (6). Este trastorno también
puede hallarse vinculado a los padres varones, como muestra uno de los
casos narrados más adelante, pero por alguna razón Turkat no logró hallar
ninguno.
Adicionalmente a
los artículos específicos sobre el PAS y a la literatura que hace
referencia al síndrome, hay un cuerpo de investigación sobre el divorcio,
así como escritos clínicos que, sin darle nombre, describen el
fenómeno. La literatura revisada aquí proviene de numerosas fuentes,
incluyendo ejercientes que, como Gardner, buscan mejorar los medios de
diagnóstico y las estrategias de intervención de los tribunales y de otros
profesionales que tratan con divorcios altamente conflictivos; abogados
y jueces que están en contacto con casos de PAS; investigadores que,
como Clawar y Rivlin, referencian el trabajo de Gardner sobre el PAS en su
estudio a gran escala sobre la "programación parental en el
divorcio" (7), o como Johnston, cuyo trabajo sobre divorcios
altamente conflictivos (8) la condujo a analizar el problema de los niños
que rechazan la visita de su progenitor no custodio, incluyendo una
reflexión sobre el PAS (9). Cuando el PAS se contempla desde el punto
de vista de las partes y de los subprocesos que lo generan, la literatura
al respecto aumenta exponencialmente, por ejemplo: características
psicológicas de los progenitores que falsamente acusan en el curso de las
disputas sobre el divorcio/la custodia; cultos que ayudan a los
padres que se divorcian a alienar al niño del otro progenitor; y
abusos psicológicos a los niños en casos de PAS severo, incluyendo el
Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto.
Las tendencias
identificadas por Gardner y otros, son el resultado de importantes cambios
sociales que comenzaron a arraigar y florecer alrededor de mitad de los
setenta. El tratamiento legal del divorcio y la custodia de los niños
varió desde la preferencia por dar a las madres la custodia en exclusiva y
la "presunción de los tiernos años" a la inclinación por la
custodia conjunta y el principio del "mejor interés para el
niño". Esto dió a los padres divorciados más opciones legales
para seguir siendo padres de sus hijos, e incrementó la cantidad e
intensidad de las disputas sobre el divorcio, en cuanto los progenitores
disentían vehementemente sobre la variedad de posibles acuerdos sobre la
custodia por los que ahora podían optar. Al final de los años
setenta, surgió la preocupación respecto a la programación del niño por
parte de un progenitor, con el fin de influenciar en la decisión respecto a
las disputas del divorcio y la custodia; lo que conduja a la
Asociación legal Americana en su sección de Derecho de Familia a comisionar
un estudio a gran escala sobre el problema. El resultado de este
estudio de 12 años de duración fue publicado en 1991 en un libro llamado
"Niños Rehenes" (7). Clawar y Rivlin descubrieron que la
programación parental era practicada en diverso grado por el 80% de los progenitores
que se divorciaban, de los cuales el 20% lo aplicaban a sus hijos al menos
una vez al día. Continuaremos hablando sobre este libro más adelante.
Al mismo tiempo,
a medida que han ido surgiendo las nuevas tendencias en los divorcios,
algunos cambios sociales se han ido dando en el tratamiento social del
abuso a los niños. Un informe preceptivo se convirtió en prescripción
legal en los años setenta, y los procedimientos para la elaboración de los
informes se simplificaron de tal manera que los informes anónimos fueron
aceptados y usados como base de actuación judicial en algunos
estados. A medida que el número de informes sobre abusos se duplicó
prácticamente, también lo hizo el número de informes falsos o sin
fundamento, de acuerdo con las estadísticas compiladas por el Centro
Nacional para los casos de Abuso y Negligencia a la infancia en 1988, que
mostraba que los informes no-válidos excedían en número los casos de abuso
reportado bona fide en una proporción de dos a uno (10).
Según algunos
observadores, las falsas acusaciones de abuso en casos de divorcio/custodia
contenciosa se han convertido en el arma definitiva. El Juez Steward escribió que "los juzgados de familia de toda
la nación sienten los efectos de una nueva falacia urdida por las partes
que concurren en una disputa por la custodia: la de que el otro
progenitor abusa sexualmente del niño... El impacto de semejante acusación
en un litigio por la custodia es sutil y trascendental... el juez de
familia está capacitado para hacer cesar el acceso al niño mientras se
completa una investigación" (11, p. 329). En respuesta a
cuestiones como esta, la Unidad de Investigación de la Asociación por la
Familia y los Tribunales de Conciliación obtuvo fondos para estudiar las
acusaciones de abuso sexual en los casos de disputa en divorcios/custodias
(12). Se agregaron los datos de 1985 y 1986 recogidos de diversos
juzgados de familia de todo el país. En aquel tiempo, la incidencia
de las acusaciones sobre abuso sexual en los casos de divorcio se cifró en
un dos por ciento, pero variaba del uno al ocho por ciento dependiendo del
lugar. Los resultados de este estudio sugerían que las acusaciones en
el contexto de un divorcio podían ser válidas sólo en un 50% de las
veces. Muchos de los consejeros y administradores de los juzgados que
fueron entrevistados, creían que se estaban produciendo una mayor
proporción de estos casos que en las décadas precedentes.
Diez años más
tarde, en 1996, el Congreso aprobó el Acta de Prevención y Tratamiento del
Abuso infantil, para eliminar la inmunidad de la que gozaban quienes hacían
premeditadamente acusaciones falsas, basándose en la información de que 2
millones de niños habían sido objeto ese mismo año de informes falsos, en
oposición al millón de niños que habían sufrido auténticos abusos
(13). Adicionalmente, muchos estados habían ya habilitado leyes
contra los informes deliberadamente falsos sobre abusos a los niños.
En California, donde ejercen la autora y su marido, la Oficina para la
Prevención del Abuso Infantil revisó su manual para informadores de oficio
hace varios años, para incluir una sección sobre acusaciones falsas, en la
cual, el adoctrinamiento de los niños durante las disputas sobre la
custodia se describe como un problema grave, y en el cual se hace referencia
al trabajo de Gardner sobre el PAS (14).
Entretanto, los
años ochenta fueron testigos de una campaña masiva para entrenar a los
asistentes sociales, policias, jueces y profesionales de la salud mental en
conceptos tales como "los niños no mienten cuando hablan de los
abusos". Para remediar la ceguera social hacia los abusos
a los niños en el pasado, los profesionales fueron incitados a "creer
incuestinablemente al niño" y a aceptar reflexivamente que todas las
alegaciones de abuso contra el niño eran ciertas. Una amplia difusión
en los medios y una proliferación de libros y películas populares sobre
abusos a niños continuaba sugiriendo que el problema era generalizado e
insidioso. Los padres y los profesionales afines fueron convocados
para vigilar lo que se consideraban como "indicadores de
comportamiento" del abuso sexual. Estos incluían el síntoma tan
común como vago de la baja autoestima, "indicadores" de conflicto
tales como el comportamiento agresivo y autoaislamiento social, así como
comportamientos infantiles que pueden ser normales en el contexto del
desarrollo, tales como la curiosidad sexual y las pesadillas. Se hizo
caso omiso del hecho de que tales síntomas pueden ser desarrollados por el
niño en respuesta a otras circunstancias estresantes, incluyendo el
divorcio y la ausencia paterna.
También los niños
están siendo sensibilizados hacia el abuso, instruídos acerca de lo que son
"tocamientos buenos/tocamientos malos". Al final de esta
lección escolar, se les puede pedir que reporten sobre cualquier persona
que ellos puedan considerar que les ha hecho tocamientos malos.
Aunque en algunas ocasiones esto ha servido para detectar algunas formas de
abuso, los niños a veces no entienden bien la lección, como el caso de un
cariñoso abuelo que levanta en brazos a su nieto como ha hecho muchas veces
anteriormente, para encontrar que el niño le rechaza horrorizado,
acusándole de "malos tocamientos". Los adultos que dirigen
estas clases están a menudo tan excesivamente interesados en encontrar
abusos que en un estado del sur detuvieron a los padres de la mitad de la
clase.
SINDROME DE
ALIENACION PARENTAL.
Según Gardner, el
PAS es una perturbación en el niño que, en el contexto del divorcio, es
inducido a desaprobación y crítica de un progenitor, denigración que es
injustificada o/y exagerada. Gardner considera que el PAS
nace primariamente de una combinación de influencia parental y de las
contribuciones activas del propio niño a la campaña de denigración,
factores que pueden reforzarse mutualmente. Gardner distingue entre
Síndrome de Alienación Parenta,l y el término "Alienación
Parental". Hay un gran elenco de causas de alienación parental,
incluyendo el abuso parental de buena fe y/o negligente, así como déficits
significativos en un padre rechazado que pueden no alcanzar el grado de
abuso. Desde la perspectiva de Gardner, el diagnóstico de PAS sólo
resulta aplicable cuando el abuso, la negligencia y otras conductas llevadas
a cabo por el padre alienado que puedieran justificar razonablemente la
alienación sean relativamente mínimas. Por tanto, Gardner concibe el
PAS como una subcategoría especializada de la alienación parental
genérica. Desde que introdujo el concepto de PAS en 1985, Gardner ha
escrito dos libros sobre la materia (15 y 16), e incluido un capítulo sobre
el PAS en su libro titulado "Evaluación Familiar en la
Mediación, Arbitraje y Litigios por la Custodia del Niño (17).
Dependiendo de la
severidad del PAS, un niño puede exhibir todos o unos cuantos de los
siguientes comportamientos. Es la acumulación de estos síntomas lo
que inclina a Gardner a considerarlos un síndrome:
1.
El
niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de
denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye
activamente.
2.
Las
razones alegadas para justificar el desacreditar al padre objeto son a
menudo débiles, frívolas o absurdas.
3.
La
animadversión hacia el padre rechazado carece de la ambivalencia normal en
las relaciones humanas.
4.
El
niño afirma que la decisión de rechazar al padre objeto es exclusivamente
propia, lo que Gardner llama el fenómeno del "pensador
independiente".
5.
El
niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado.
6.
El
niño expresa desprecio sin culpa por los sentimientos del padre
objeto u odiado.
7.
Se
evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones del niño
reflejan temas y terminologías propias del progenitor alienador.
8.
La
animosidad se extiende a la familia ampliamente y a quienes se asocia con
el padre odiado.
En la experiencia
de Gardner, obtenida tanto por la práctica clínica como por la
investigación publicada (revisada más adelante), las madres son más
frecuentemente adictas al PAS, sobre todo del que Clawar y Rivlin equiparan
al secuestro psicológico (7) Cuando quiera que el PAS coincide con la
abducción física, son los padres los más frecuentes adictos, como señala
Huntington (18). Gardner reconoce que también los padres pueden suscitar
PAS y muestra ejemplos en sus libros. Por consistencia y simplicidad,
él se refiere con "madre" al progenitor que aliena, y
"padre" al progenitor objeto del PAS.
Según Gardner, el
componente de lavado de cerebro en el PAS puede ser más o menos consciente
de parte del progenitor que "programa" al hijo, y puede ser
sistemático o sutil. La contribuciones activas del niño a la campaña
de denigración pueden ayudar a crear y mantener un flujo de refuerzo mútuo
entre el niño programado y el progenitor que le programa. Pese a las
contribuciones del hijo, Gardner contempla al padre alientante como el
adulto responsable que crea o trasmite un conjunto negativo de creencias
respecto al progenitor objeto. Las experiencias cariñosas del niño
con el padre objeto en el pasado son reemplazadas por una nueva realidad,
el escenario negativo trasmitido por el progenitor programador y compartido
por el niño, que justifica su rechazo del padre alienado. A la luz de
estas observaciones, Gardner previno de que las afirmaciones de los niños
en los casos de divorcio/custodia que versaran sobre el rechazo a uno de
los progenitores no deberían tomarse en consideración literalmente, sino
evaluados por el filtro de las dinámicas del PAS. De acuerdo con la
psicóloga Mary Lund, esta introspección es una de las contribuciones más
imporatntes de Gardner, porque alertó al sistema legal, a los padres y a
los profesionales de la salud mental que tratan con divorcios de una
importante eventualidad que podría tener efectos desastrosos si se deja pasar
desapercibida. (19)
Gardner subraya la
importancia de distinguir entre PAS leve, moderado y agudo en la
determinación de qué medidas legales y terapéuticas son de
aplicación. En los casos leves, existe alguna programación parental,
pero el régimen de visitas no resulta seriamente afectado y el niño
consigue adaptarse a las transiciones sin excesiva dificultad. El
niño mantiene una relación sana con el progenitor programador y normalmente
participa en la campaña de denigración para mantener el vínculo emocional
primario con el progenitor preferido, por regla general la madre. El
PAS de estas caracterísiticas puede normalmente verse atenuado cuando los
tribunales confirman la custodia del progenitor preferido o primario.
En los casos de
PAS moderado existe una programación parental considerable, con
interferencias significativas en el régimen de visitas. El niño a
menudo experimenta dificultades en la transición de una casa a otra, pero
eventualmente consigue calmarse y se involucra benevolentemente con el
progenitor con el que convive en cada momento. El vínculo entre el
progenitor alienador y el hijo es aún razonablemente sano, a pesar de su
convicción compartida de que el progenitor objeto es de alguna manera
despreciable. A este nivel se requiere una intervención legal más
fuerte, y un perito terapeuta especializado en PAS resulta muy recomendable
para organizar las visitas, oficiar profesionalmente en el momento de las
transiciones de una casa a otra e informar al juzgado de los incumplimientos
que se han forzado en el régimen normal de visitas. Puede ser
necesaria la amenaza de sanciones contra el padre alienador a fin de
asegurar el cumplimiento del régimen de visitas ordenado. Si fracasa
la implantación de medidas legales y de intervenciones terapéuticas en el
caso de PAS moderado, el niño puede quedar bajo riesgo de desarrollar un
PAS agudo. En algunos casos moderados, cuando han fracasado las
medidas terapéuticas legalmente ordenadas y también las sanciones, Gardner
afirma que puede ser necesario considerar seriamente el transferir al
custodia al progenitor supuestamente odiado, asumiendo que el progenitor es
adecuado. En ciertas ocasiones, esa es la única esperanza de proteger
al niño de la progresión hacia el grado agudo del síndrome.
El niño que sufre
un caso de PAS agudo es un fanático en su odio por el padre objeto.
El niño puede rehusar las visitas, formular de motu propio falsas
acusaciones de abuso sexual o amenazar con huir, con el suicidio o con el
homicidio si se le obliga a ver a su padre. La madre y el hijo tienen
un vínculo patológico, a menudo basado en fantasías paranoides sobre el
padre, a veces hasta el punto de ser una locura a dos. En los
casos agudos de PAS, Gardner descubrió que si se deja al niño permanecer
con la madre, la relación con el padre está condenada y el niño
desarrollará una psicopatología de larga duración, e incluso una
paranoia. Asumiendo la idoneidad del padre objeto, Gardner está
convencido de que el único remedio efectivo en los casos de PAS agudo es
dar la custodia al progenitor alienado. En 1992 sugirió que los
tribunales debieran ser más receptivos al cambio de custodia empleando un
periodo transitorio con apoyo terapéutico para el niño, tal como una
hospitalización, recurso este empleado profesionalmente por la autora de
este artículo y su marido
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La concepción
inicial de Gardner sobre el PAS se basaba en la obsesión del niño por
denigrar al padre objeto. No fué sino dos años más tarde, cuando publicó
su primer libro sobre el PAS, que vinculó el problema del síndrome
con el de las acusaciones falsas de abuso sexual. Gardner opta por la
idea de que tales acusaciones son una derivación del PAS, y observa que a
menudo emergen cuando cualesquiera otros esfuerzos de excluir al progenitor
objeto han fracasado. Parte de la literatura mencionada más adelante indica,
no obstante, que las falsas acusaciones de abuso pueden aflorar incluso con
anterioridad a la separación matrimonial, síntomas de una patología
psiquiátrica previa del padre alienante que puede no diagnosticarse sino
con el subsiguiente deterioro mental posterior al divorcio. Gardner
fue de los primeros en reconocer que involucrar a un niño en falsas
acusaciones de abuso, es una forma de abuso en sí mismo y un indicador de
problemas graves en el sistema legal del divorcio. En la misma medida en que el PAS con
acusaciones falsas de abuso puede redundar en la destrucción permantente de
la relación del hijo con el padre alienado, puede ser incluso más dañino
para el niño que si el abuso alegado hubiera realmente acontecido.
EL PAS EN
DIVORCIOS ALTAMENTE CONFLICTIVOS
El divorcio
altamente conflictivo se caracteriza por una situación prolongada de
conflicto tras la separación, con hostilidad entre los progenitores que
pueda haberse expresado abierta o encubiertamente a través del litigio en
curso, con
agresiones verbales y físicas, y tácticas de sabotaje y de engaño o fraude. La literatura clínica y de
investigación sugiere que el Síndrome de Alienación Parental es un tipo
distintivo de divorcio altamente conflictivo que puede requerir
intervenciones específicas frente al PAS, del mismo modo que los problemas
de las familias divorciadas tienen más solución mediante intervenciones
específicas relativas al propio divorcio que mediante la aplicación de
terapia tradicional. En su libro sobre niños atrapados en medio de un
divorcio altamente conflictivo, Garrity y Baris tratan al PAS como una
dinámica familiar que se suscita en casos de divorcio, dedicando dos
capítulos al PAS, uno para comprender el fenómeno y otro para establecer un
modelo comprensivo de intervención (21).
En los divorcios
altamente conflictivos que no muestran síntomas significativos de PAS, los
padres desarrollan la mayor parte de la confrontación mientras los niños se
las arreglan para ir y venir de una casa a otra, mantener sus propios
puntos de vista y retener su afecto por ambos padres. Se las arreglan
desarrollando habilidades activas para maniobrar en el contexto de la
situación o adoptando una estrategia de supervivencia según la cual se
trata a ambos progenitores con igual justicia y distancia (8).
Periódicamente, los niños pueden exacerbar los conflictos entre los padres
cuando disfrazan las ansiedades derivadas de la separación propias de la
edad, diciendo a cada progenitor lo que cada progenitor quiere escuchar y
trasladando su supeditación de uno a otro progenitor. Sin embargo,
evitan una alineación consistente con un padre en contra del otro, y pueden
disfrutar el tiempo que pasan con cada progenitor una vez que ha terminado
el difícil proceso de transición de una casa a otra.
En los divorcios
altamente conflictivos con una presencia considerable de PAS, los niños se
involucran personalmente en el conflicto de los padres. Incapaces de
manejar la situación de manera que puedan preservar una relación afectuosa
con ambos, el niño se pone del lado de uno de los progenitores y en contra
del otro, y participa en la batalla como aliado del padre alienador que se
devine como "el bueno" frente al otro padre, que se contempla
como "el malo". En un estudio realizado entre 175
niños de familias altamente conflictivas, Johnson descubrió que la
hostilidad crónica y el constante litigio entre los padres contribuía al
desarrollo del PAS entre los hijos mayores (9). En otras palabras,
cuando el sistema se muestra incapaz de calmar y contener los conflictos de
divorcio entre los padres, los hijos tienen mayores riesgos de desarrollar
un PAS cuando crecen. Johnston reconoce que sus logros apoyan la
afirmación de Gardner de que hasta el 90% de los niños involucrados en un
litigio continuado de custodia muestran síntomas de PAS.
Un estudio a gran
escala de los patrones de conflicto legal entre los padres divorciados tres
o cuatro años después de terminar el proceso arrojan hallazgos
significativos en el sentido de que las parejas más hostiles en el divorcio
no fueron necesariamente los que se involucraron en las batallas legales
más contenciosas (20). Esto sugiere que el PAS puede no darse sólo en
el contexto de un litigio, sino que puede desarrollarse una vez que el
litigio ha concluido, o con motivo de retomar nuevamente la actividad
litigiosa después de varios años, apoyando así lo que Dunne y Hedrick
descubrieron en su estudio clínico en familias con PAS agudo (22).
Conforme a la
opinión de Johnston, el divorcio altamente conflictivo es el producto de un
impasse de muchos aspectos entre los progenitores (8). A menudo, el
impasse tiene sus raíces en la vulnerabilidad extrema de uno de ambos
progenitores respecto a temas relacionados con la herida narcisista, la
pérdida, la rabia y el control. Estas vulnerabilidades impiden un
ajuste satisfactorio del divorcio y alimenta un ciclo inagotable y a veces
en escalada de acción y reacción que promueve y mantiene el conflicto entre
progenitores. Los padres se quedan enquistados durante la transición,
en una situación psicológica que no es ni de matrimonio, ni de separación
ni de divorcio, un patrón que puede surgir incluso cuando sólo uno de los
progenitores sufre perturbaciones significativas. Usando el modelo de
Johnston, el PAS puede concebirse como un esfuerzo por parte de uno de los
progenitores, con la ayuda de los hijos, de "resolver" el impasse
surgido del divorcio con una comprensión perfectamente inequívoca de quién
es el bueno, quién es el culpable y de cómo el progenitor culpable debiera
ser castigado. El siguiente caso ilustra este supuesto. Como en
otros casos paradigmáticos que se intercalarán a lo largo de este artículo,
el escenario descrito ha sido sintetizado de casos reales que la autora y
sus colegas han presenciado.
El Sr. L había
adoptado al hijo de su esposa, habido de un matrimonio anterior, y además,
él y la Sra. L tenían un hijo propio, una niña de seis años, cuando el Sr.
L. Dejó el domicilio familiar. Durante los seis meses que precedieron
a este súbito suceso, la Sra. L. había vivido en una parte de la casa con
el hijo mayor, en tanto el Sr. L. y su hija tenían habitaciones juntas en
otra parte de la casa. Los padres apenas se hablaban, pero los niños
deambulaban libremente por la casa con ambos padres. En tales
circunstancias, el Sr. L. no creyó que su esposa se opusiera a su marcha,
pero por si acaso se producía una escena, decidió primero irse y luego
abordar las consecuencias prácticas con la Sra. L. Dejó una carta
para ella y otra para los niños, explicando su decisión y afirmando su
deseo de establecer un sistema para ver a los hijos y contribuir a su
sostenimiento. La Sra. L se enfureció. Inmediatamente cambió
las cerraduras y bloqueó con éxito todos los esfuerzos de su marido de
contactar con los niños telefónicamente y de verlos. Ambos niños se
sintieron probablemente traicionados por su padre, y la Sra. L. amplificó
esos sentiemientos diciendo a los niños que su padre los había abandonado y
que no se preocupaba por ellos. También le acusó de tener muchas
aventuras durante el matrimonio, aunque el Sr. L. siempre lo negó.
Estas acusaciones pudieron surgir de que la Sra. L. supo seis semanas
después de la marcha de su esposo de que este estaba saliendo con
alguien. Furiosa, le dijo al Sr. L. que nunca volvería a ver a los
niños. Ella y los niños comenzaron a llamar al Sr. L. y a su novia a
todas horas, gritando acusaciones y obscenidades por teléfono hasta que se
pudo obtener una orden judicial de restricción. Cuando los esfuerzos
del abogado del padre para intentar una mediación entre el Sr. y la Sra. L.
chocaron contra un muro, el Sr. L. obtuvo una orden judicial respecto al
régimen de visita. Habían pasado tres meses cuando volvía a tener la
oportunidad de ver a sus hijos desde que se marchó de casa. En la
víspera de esta visita, la Sra. L llamó al servicio de protección de
menores y acusó al Sr. L. de acosar sexualmente a su hija. De acuerdo con las notas del
asistente social, que se exhibieron en el pleito posterior, la Sra. L. dijo
al asistente social que "sabía" que el Sr. L. acosaba
sexualmente a su hija incluso en la época en que ambos convivía aún.
El juzgado de
familia ordenó una informe sobre la custodia que se elaboró con
minuciosidad y que se completó tras varios meses. El evaluador
documentó varias situaciones en las que las afirmaciones de la niña sobre
el abuso y el odio hacia su padre habían sido fuertemente inducidas por la
rabia abrumadora de la madre y del medio hermano mayor, que se había
alineado intensamente con la madre. A la Sra. L se le diagnosticó
un severo trastorno narcicista de la personalidad con características
antisociales, en tanto que el Sr. L. fué considerado por el evaluador como
más bien pasivo en comparación, e igualmente ambivalente y soslayador de
todo conflicto. El evaluador pudo mantener una reunión con el padre y la hija
juntos, durante la cual era visible el vínculo afectivo entre ambos. Era la primera oportunidad
para la pequeña de hablar con su padre sobre los sentimientos engendrados
por su marcha. Resultó también ser su última oportunidad. El
PAS se intensificó de tal manera que los intentos para volver a celebrar
otras sesiones con el padre y la hija juntos fracasaron cuando la niña
cogió una rabieta en la sala de espera y huyó gritando al aparcamiento
donde esperaba su madre.
Siete meses
después de la separación matrimonial, el informe del evaluador de la custodia
se presentó. Aseguraba que el abuso del que se había formulado acusación
no había existido con toda probabilidad, pero fracasó a la hora de
diagnosticar PAS agudo junto con las falsas acusaciones de abuso. El evaluador recomendó que la
madre retuviera la custodia y que la niña y sus padres se embarcaran en una
terapia individual que permitiera facilitar la reunificación de padre
e hija. No fué de sorprender que la Sra. L. se las arreglara para que
el terapeuta internista que trató a la hija nunca viera el informe del
evaluador de la custodia. Basado en la información que trasmitía la
madre exclusivamente, el terapeuta trató a la hija de un abuso sexual de su
padre en lugar de facilitar terapia específica de divorcio encaminada a
ayudar a la pequeña a ajustarse a la nueva situación de divorcio de sus
padres y a establecer una relación post divorcio con su padre. La
rabia de la niña hacia su padre se fue extremando cada mes más, lo que
hacía fracasar las visitas planificadas por el centro de mediación
familiar. Finalmente, un año después de la separación, el evaluador
de la custodia se sintió inclinado a testificar la presencia de un PAS y a
hacer las fuertes recomendaciones que se requerían para remediar la
situación. Para ese tiempo, el padre estaba ya convencido de que
nadie podía hacer nada respecto a las contínuas expresiones de odio de su
hija hacia él. También se sintió intimidado por la perspectiva de una
prolongación del litigio y de un mayor hundimiento económico. Decidió
dejarlo pasar, confiando en que un día, cuando su hija creciera,
comprendiera y volviera a buscarle.
NIÑOS RETENIDOS
COMO REHENES: TRATANDO CON NIÑOS PROGRAMADOS Y CON LAVADO DE CEREBRO.
A finales de los
setenta, jueces, padres y profesionales de la salud mental que tenían
relación con el divorcio se preocuparon tanto de la programación parental
de los hijos que la Asociación Legal Americana en su sección Derecho de
Familia comisionó un estudio de 12 años entre 700 familias divorciadas
(7). Clawar y Rivlin hallaron que el problema de la programación
parental estaba muy extendido y que incluso en los niveles más bajos tenía
un considerable impacto sobre los niños. Los datos de las múltiples
fuentes analizadas que se analizaron incluían: registros escritos,
tales como transcripciones de juzgados, informes forenses, notas de terapias
y diarios de niños; cintas de audio y vídeo con interacciones entre
los niños, sus padres y terceros relacionados con el caso;
observaciones directas, tales como hijos con padres y clientes con
abogados; y entrevistas con niños, parientes, amigos de la familia,
profesionales de la salud mental, personal de los colegios, jueces y
mediadores.
Los trabajos de
Gardner sobre el PAS se referenciaban al principio del libro de Clawar y
Rivlin (7), pero los autores se inclinan por lo que manifiestan ser su
postura al respecto, que los casos menos severos no son causa de mayor
preocupación. Descubrieron que el PAS puede ser el resultado de
una serie de procesos complejos, tanto si uno de los progenitores se
embarca o no en una campaña sistemática de programación, y tanto si la
alienación es el objetivo del padre que programa, como si no.
La alienación parental es sólo uno de los múltiples efectos nocivos.
De acuerdo con este estudio, incluso los padres bien intencionados a menudo
intentan influir en lo que dicen sus hijos durante los procesos en los que
se deciden la custodia y el régimen de visitas.
Los niveles suaves
de programación y de lavado de cerebro por los progenitores tienen efectos
considerables.
Clawar y Rivlin
basan su trabajo en 30 años de literatura sobre la psicología social y los
procesos de influencia social, que han recibido varios nombres en la
literatura, tales como reforma, lavado de cerebro, adoctrinamiento,
modelación, replicación, control mental, re-educación y persuasión
coercitiva. Estos términos describen varios métodos psicológicos para
eliminar de las personas ideas que las autoridades no desean que tengan, y
para reemplazar las viejas formas de pensar y de comportarse por otras
nuevas. Para los propósitos de la investigación, Clawar y Rivlin
pusieron de manifiesto la necesidad de una terminología definida con mayor
precisión. Seleccionaron las palabras "programación" y
"lavado de cerebro". Definieron la palabra
"programa" como el contenido, los temas y las creencias
transmitidas por el progenitor programador al niño en relación con el otro
padre.
El "lavado de
cerebro" se definió como el proceso interactivo por el que un niño es
persuadido a aceptar y elaborar el discurso desde el programa
recibido. El lavado de cerebro se da a lo largo de un plazo de
tiempo, e implica una repetición del programa o de las palabras código que
hacen referencia al programa, hasta que el sujeto responde con aceptación
en sus actitudes y su comportamiento.
De acuerdo con
Clawar y Rivlin, la influencia de un progenitor programador puede ser
consciente y deseada o inconsciente y no intencionada. Puede ser
obvia o sutil, con recompensas por una respuesta positiva a la
programación, que pueden ser materiales, sociales o psíquicas. La
ausencia de respuestas positivas a la programación puede resultar en
sutiles castigos psíquicos tales como la retirada del cariño o un castigo
corporal directo, como se ilustra en el caso de S., en la parte II de este
artículo. El autor localizó otro caso en el que la madre alienadora
esposó a su hijo al cabecero de su cama cuando tenía 12 años por haber
dicho el niño que no quería seguir diciendo que su padre había abusado
físicamente de él. El estudio Clawar y Rivlin demostró que los niños
pueden ser participantes activos o pasivos en el proceso de
alienación. Como sugiere el caso de este niño de 12 años, la
naturaleza y grado de la involucración el niño en un PAS puede cambiar con
el tiempo.
Este estudio
identifica el rol influencial de otras personas en la vida del hijo, tales
como parientes y profesionales alineados con el progenitor alienador, cuya
adhesión al programa apresura el proceso de lavado de cerebro.
De manera general,
estos hallazgos parecen reproducir la investigación de la Dra. Johnson
sobre los divorcios altamente conflictivos que identificaban la importancia
de terceros en los conflictos parentales (8). Rand hizo notar la
influencia de los llamados "participantes profesionales en el Síndrome
Munchausen por abuso a través de sustituto que en el curso de un divorcio
puede solaparse con el PAS" (23)
Clawar y Rivlin
identifican ocho fases en el proceso de programación/lavado de cerebro que
culminan con un Síndrome agudo de Alienación Parental (7).
Reconociendo el desequilibrio de poderes entre progenitor e hijo,
contemplan el proceso como producido por el padre alienador, que induce a
la persuasión el niño en una base gradual, por pasos.
1.
Emerge
o se elige un determinado tema sobre el que se concentran el progenitor
programador y el niño. Este puede estar vinculado a una ideología más
o menos formal respecto a temas como la familia, la religión o las etnias.
2.
Se
crea un sentimiento de apoyo y conexión con el progenitor programador.
3.
Se
induce un sentimiento de comprensión hacia el progenitor programador.
4.
El
niño empieza a mostrar síntomas de persuasión , tales como la expresión de
temor a visitar al progenitor objeto, o rehusar a hablar con dicho
progenitor por teléfono.
5.
El
progenitor programador mide el grado de persuasión del niño, por ejemplo,
preguntándoles tras las visitas que ha realizado al otro progenitor, y
recompensándole por las respuestas "correctas".
6.
El
progenitor programador mide la lealtad del niño pidiendole que exprese sus
puntos de vista y las actitudes que pueden sugerir una preferencia de un
progenitor sobre el otro.
7.
Esto
produce la escalada, la intensificación o la generalización, por ejemplo
ampliando el programa con retoques o con nuevas acusaciones. El niño rechaza al padre objeto
de manera global e inequívoca.
8.
El
programa se mantiene, así como la persuasión del niño, variando desde
pequeños recordatorios y sugerencias a una presión intensa, dependiendo de
la actividad litigiosa y del esquema mental del propio niño.
ESTUDIOS CLINICOS
DEL PAS.
Según Gardner,
secundado por Cartwright, el Síndrome de Alienación Parental es un concepto
en desarrollo, que la práctica clínica y forense refinará y redefinirá en
función de la mejor comprensión sobre nuevos casos con características
diferentes (24). Esta sección revisa el trabajo de algunos
ejercientes que, como Cartwright, buscan sobreedificar sobre el trabajo de
Gardner contribuyendo con sus propios conocimientos y experiencias laborales
con casos de PAS que van desde moderado a grave.
Dunne y Hedrick
Ejercientes en
Seattle, Washington, Dunne y Hedrick analizaron dieciseis familia que
reunían los cirterios que Gardner definió para diagnosticar PAS grave
(22). Aunque los casos evidencian una amplia diversidad de
caracterísitcas, los autores verificaron que los criterios de Gardner se
mostraron útiles para diferenciar estos casos de otras dificultades
asociadas al post-divorcio, dando apoyo a la idea de que el PAS tiene
características distintivas que le distinguen de otras formas de divorcios
altamente conflictivos. Entre los casos de PAS grave examinados,
algunos mostraban acusaciones falsas de abuso, y otros no. Niños de
la misma familia respondían a veces al divorcio con ajustes de naturaleza
opuesta. Por ejemplo, el hijo mayor de una familia, una niña de 16
años, se alineó con su madre alienadora, en tanto que el deseo de relación
de su hermano de 12 años con su padre conduja al rechazo eventual del hijo
por parte de la madre.
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